Las semillas durante su almacenaje o transporte pueden ser destruidas por ataques de hongos o insectos, por lo que deberán combatirse, lo mas eficazmente posible, para evitar sus daños.

La lucha contra hongos e insectos puede realizarse de una manera indirecta poniendo a las semillas en unas condiciones poco favorables para el desarrollo de las plagas o bien combatiéndolas directamente tratando las semillas con productos tóxicos para las mismas.

TRATAMIENTOS INDIRECTOS:

Las semillas se pueden conservar en buenas condiciones y sin que sufran daños ocasionados por ataques de hongos o insectos si las semillas extraídas en hornos de secado se almacenan con un contenido de humedad bajo, a una temperatura baja (próxima a los 0°C) y en recipientes que cierren herméticamente y que previamente fueron desinfectados. Un contenido de humedad bajo y una temperatura baja son condiciones poco favorables para el desarrollo de hongos y para la actividad de los insectos.

Los recipientes en los que se guarda la semilla deberán tratarse convenientemente con productos fungicidas e insecticidas antes de usarlos, pero cuidando eliminar totalmente estos productos una vez que hayan producido su efecto. Asimismo, los locales en los que se almacenan las semillas deberán mantenerse limpios y es muy conveniente que se desinfecten periódicamente con algún producto desinfectante potente.

Normalmente se suelen desinfectar los almacenes al final de cada campaña de almacenamiento.

Son varios los productos químicos que se pueden emplear para desinfectar los recipientes y los almacenes, pero los más corrientes suelen ser ácido cianhídrico, bromuro de metilo, sulfuro de carbono y cloropicrina que tienen la ventaja de que en caso de que actúen sobre las semillas no suelen afectar su poder germinativo.

TRATAMIENTOS DIRECTOS:

La elección de un producto químico u otro dependerá de la intensidad del tratamiento que se quiere dar, del tipo de ataque que puede destruir a la semilla, del tipo y características de la semilla, de las condiciones de almacenaje y de las condiciones de seguridad y personal que se dispone para realizar el tratamiento.

Cuando se quiere dar un tratamiento ligero con la única finalidad de matar algunos insectos que puedan atacar a las semillas, bastara con mezclar la semilla con algún producto no muy agresivo. Si el tratamiento se quiere hacer más intensivo o se quiere que también sea fungicida deberán emplearse otros productos tóxicos más fuertes y cuyo manejo encierran un grave peligro por ser también más tóxicos para el hombre. La manipulación de estos productos y el tratamiento deberán realizarlo operarios especializados y deberán emplear máscaras protectoras para evitar graves lesiones incluso la muerte si respiran dichos vapores tóxicos.

En general, los daños causados por la mayoría de los insectos en las semillas se pueden evitar fácilmente tratando las semillas con infinidad de insecticidas. Existen otros insecticidas más potentes (fumigantes) que se pueden aplicar a las semillas sin que éstas pierdan su viabilidad, siempre que se empleen en la concentración adecuada y según los métodos recomendados por los fabricantes. Los fumigantes usados en la actualidad con mayor frecuencia para tratar semillas son ácido cianhídrico, dicloruro de etileno y tetracloruno de carbono, bromuro de metilo y sulfuro de carbono. Aparte de estos productos que pudiéramos llamar típicos en las fumigaciones de semillas contra insectos, también se usan algunos compuestos orgánicos que contienen mercurio.

Respecto al tipo de ataque que puede destruir a la semilla, éste puede ser debido a insectos o a hongos. Los ataques de hongos son mucho mas difíciles de combatir, sin que las semillas sufran daños en su viabilidad, debidos al producto fungicida. En estos casos es mejor combatir los ataques de hongos indirectamente poniendo a las semillas en unas condiciones de humedad y temperatura en las que los hongos no puedan desarrollarse.

Las características de la semilla a tratar y las condiciones de almacenaje de las mismas, también influyen en el tipo de tratamiento a dar, pues, muchos productos únicamente se pueden aplicar sin riesgo para las semillas bajo ciertas condiciones de humedad y temperatura. En general, los fungicidas son menos peligrosos o dañan menos a las semillas si éstas tienen un contenido bajo de humedad.

Por ultimo, según las condiciones de seguridad y del personal que se disponga para llevar a cabo la fumigación, podrán emplearse unos productos u otros. En general, los fumigantes típicos (sulfuro de carbono, ácido cíanhídrico, bromuro de metilo etc.) son muy tóxicos para el hombre y por consiguiente su utilización únicamente podrá recomendarse en almacenes que reúnan ciertas garantías de seguridad y si el tratamiento se realiza por operarios especializados en estas operaciones. Los productores y almacenistas particulares deberán huir de este tipo de fumigaciones y en caso de necesidad deberán encargar esta operación a una casa especializada en fumigaciones o desinfectaciones y que se dedican a esto. En todo caso deberán seguir rigurosamente las instrucciones dadas por los fabricantes de dichos productos y emplear caretas protectoras mientras dure el tratamiento y hasta que haya pasado el peligro de intoxicación.

Fuente: eumed.net