Mucha gente cree que la producción de arroz en tierras bajas es mejor cuando los cultivos reciben agua y minerales, como si se cultivara con técnicas hidropónicas. Pero, el arroz no crece bien en agua. Crece en la tierra y los fertilizantes NPK sólo adicionan 3 de los 45 minerales necesarios para su desarrollo completo.

Mucha gente cree que la producción de arroz en tierras bajas es mejor cuando los cultivos reciben agua y minerales, como si se cultivara con técnicas hidropónicas. Pero, el arroz no crece bien en agua. Crece en la tierra y los fertilizantes NPK sólo adicionan 3 de los 45 minerales necesarios para su desarrollo completo.

La tecnología de la Revolución Verde ha causado una degradación del suelo cada vez más visible y tarde o temprano esto llevará a un estancamiento o a una declinación de los rendimientos. Los suelos degradados producen alimentos de baja calidad, lo que afecta directamente la salud de los humanos. Lejos de rescatar a las poblaciones de la hambruna, la Revolución Verde se ha convertido en una amenaza para la seguridad alimentaria.

Sin embargo, se puede recuperar la productividad del suelo. En el sur de Brasil, hemos desarrollado un concepto alternativo de producción de arroz bajo riego, basado en aereación del suelo, rotación de cultivos, y restauración de materia orgánica y de micronutrientes.

Reducción del suelo y crecimiento

En condiciones de inmersión, se reduce la cantidad de minerales disponibles y los iones de oxígeno son reemplazados por iones de hidrógeno. Algunos de estos compuestos reducidos, como por ejemplo SH2, NH3, CH4, son extremadamente tóxicos para las plantas. Un pH alto en el suelo húmedo indica que ha habido una reducción muy fuerte en los compuestos químicos. En todos los suelos de bajo rendimiento, los agrónomos han encontrado un pH muy bajo en la tierra seca. Sin embargo, cuando las plantas están sumergidas, el pH es alto. En condiciones de reducción, el arroz se nutre mal y el rendimiento decrece.

El empobrecimiento del suelo puede ser detenido si se drena la tierra justo después de que las plantas de arroz comienzan a emerger. Las raíces del arroz persiguen la humedad del suelo y al hacerlo, penetran por debajo de la capa de tierra superficial, reducida. Cuando las plantas comienzan a marchitarse, se vuelven a regar los campos y nuevamente se sumergen los cultivos por un período corto. De esta manera, el arroz crece en la capa de tierra oxidada y no en la reducida. En suelos arenosos, esto es imposible porque la capa de reducción se puede extender a una profundidad de 70 u 80 cm, y rara vez las raíces van tan al fondo. Cuanto más tiempo se mantenga un terreno con monocultivos, mayores serán los efectos de reducción.

Controlando la reducción del suelo

Se puede controlar la reducción del suelo si se drena completamente el terreno después de la cosecha de arroz. Además, el arroz bajo riego debería rotarse con cultivos tales como cebada, trigo, frijol de soja y hortalizas, que no necesitan riegos de inundación. Los fertilizantes orgánicos como por ejemplo Sesbania, compost, estiércol de corral y “mulch” deberán ser aplicados en los cultivos de “tierra seca”. Así, no solamente se fertiliza el cultivo sino que también se ahorra agua. Se cree que los suelos de arroz no necesitan aplicación de cal porque el pH aumenta en condiciones de inmersión. Sin embargo, la cal no solamente neutraliza el pH, sino que también nutre a la planta. La aplicación de cal incrementa considerablemente el rendimiento.

El proceso de reducción puede controlarse si es que las raíces y los pequeños organismos del suelo como lombrices de tierra e insectos quiebran la capa de suelo. El suelo debe volverse poroso otra vez para permitir la oxidación de los minerales y sólo deben cosecharse las espigas de arroz porque la mayor parte de la paja se debe incorporar en los 8 cm más superficiales del suelo. Así, la paja contribuirá a la oxidación, a la fertilización y al mejoramiento de la estructura del suelo. Si se ara a una profundidad de 15 a 20 cm, la paja fijará el nitrógeno presente en el suelo y reprimirá el crecimiento del cultivo durante 3 meses o más.

Deficiencias de nutrientes

Si sólo se aplican fertilizantes NPK, el suelo se encontrará desprovisto de los otros nutrientes que el arroz extrae de él. Tres a cinco años de aplicación de fertilizantes NPK es suficiente para agotar el suelo. Las hortalizas y las frutas pierden su valor biológico, sabor y olor, y requieren por lo menos 15 aditivos para hacerlas palatables cuando se enlatan. Los cereales producidos en estas condiciones son pobres en proteínas, ácidos grasos y azúcares de alto peso molecular.

Los nutrientes del suelo deben ser balanceados. Altas dosis de fertilizante de amonio bajan la absorción de potasio, calcio y magnesio, mientras que altas dosis de fertilizantes de nitratos bajan la absorción de fósforo y azufre. Esto altera seriamente el metabolismo y la productividad de la planta, y también reduce su resistencia a los parásitos. Los fertilizantes orgánicos mantienen mejor el balance de nutrientes. Sin embargo, se tiene que corregir con fertilizantes químicos cualquier deficiencia pronunciada de nutrientes.

Es frecuente que el arroz carezca de cobre, manganeso y zinc. Esto se indica por la presencia de infección con Piricularia oryzae. Los análisis de las hojas de las plantas enfermas muestran deficiencias en manganeso y en cobre. El rociado de las semillas con una solución de sulfato de cobre al 1.0% y 0.5% de sulfato de manganeso les permite absorber estos nutrientes. Cuando se aplican 2,5 a 3 Kg/hectárea de sulfato de cobre y 5 Kg/ha de sulfato de manganeso en el agua de riego, no aparece la enfermedad. Cuando las espículas emergen sin granos, falta cobre. Si se usan variedades que no están bien adaptadas al suelo, casi siempre se necesitan algunos micro nutrientes.

Herbicidas

Las dos mala hierbas problemáticas en la producción de arroz bajo riego son Echinochloa y arroz rojo o amargo. Se puede controlar un poco la presencia de arroz amargo usando semillas pre-germinadas y haciendo crecer las plántulas en suelos ligeramente inundados. También ayudan las prácticas de rotación de cultivos. Se usan herbicidas para combatir diferentes especies de Echinochloa pero esto no es totalmente aconsejable ya que las plantas de Echinochloa se adaptan a suelos reducidos. Cuando la reducción es fuerte, es más difícil controlar Echinochloa. En esos casos, el mejor control es el drenaje del suelo y la aplicación de abono verde.

Cuando se hacen drenajes, incorporaciones orgánicas y rotación de cultivos, se pueden incrementar los cultivos de 4.000 Kg/ha a más de 11.000 Kg/ha, y el porcentaje de granos enteros después del descascarado se incrementa del 48% al 62%. La base del alto rendimiento y calidad es un buen manejo del suelo.

Fuente: El Productor