La siembra directa, o labranza cero, es un sistema de producción agrícola en el cual la semilla es depositada directamente en el suelo no labrado, donde se  han mantenido los residuos del cultivo anterior en superficie.

En este sistema de producción, se utilizan máquinas especiales equipadas generalmente con discos o con cinceles que abren un surco estrecho en el suelo cubierto de residuos vegetales, para depositar la semilla a la profundidad deseada. Ninguna otra operación de labranza es realizada.

El objetivo es mover la menor cantidad de suelo para evitar traer semillas de maleza a la superficie y estimularlas a germinar. La mayor parte de los residuos del cultivo anterior (rastrojos) permanecen en la superficie del suelo sin ser movidos.

Si el suelo es movido, aunque sea en forma superficial, entonces el sistema no puede ser catalogado como siembra directa, sino como labranza mínima o reducida. Sistemas de siembra que labran o mezclan más de 50% de la superficie de suelo durante la operación de siembra, no pueden ser denominados siembra directa.

El control eficiente y oportuno de malezas es la clave para la aplicación exitosa del sistema: se puede llevar a cabo de forma manual o mediante herbicidas, así como a través de la utilización de rotaciones de cultivos adecuadas que también incluyen los abonos verdes y cultivos de cobertura.

Algunos efectos benéficos que este sistema aporta al ambiente son el control de la erosión, el mejoramiento de la calidad del agua, mayor infiltración de agua en el suelo; influencias positivas sobre el cambio climático a través del secuestro de carbono en el suelo, vienen a evidenciarse solamente después de varios años del uso ininterrumpido y continuo del sistema.

La siembra directa está siendo utilizada en todo el mundo en más de 100 millones de hectáreas, bajo las más diversas condiciones de clima y suelo. En Sinaloa, únicamente en el 5% del área de siembra se practica la siembra directa; sin embargo, en este ciclo 2010-2011 se incrementó la superficie, ya que fue necesario reducir de los costos de producción y acudir a las siembras rápidas, debido a la contingencia que se presentó por las heladas. La aplicación exitosa de este sistema está en la utilización continua, similar a una pastura permanente.

Algunas exigencias especiales del sistema deben ser satisfechas para evitar fracasos, y los pasos para una adopción exitosa de la siembra directa deben ser seguidos puntualmente.

Importancia de las malezas

Las malezas constituyen uno de los factores bióticos adversos de mayor importancia en los cultivos. En las regiones productoras de maíz indican la competencia entre la maleza y el cultivo: durante los primeros 30 días de su desarrollo ocasionan plantas cloróticas, de poco vigor y altura, lo que a su vez genera reducciones en los rendimientos, los cuales alcanzan 24% en promedio.

Sin embargo, las pérdidas se incrementan severamente, cuando los periodos de competencia se extienden, cuando la maleza emerge antes que el maíz o cuando se presentan grandes poblaciones de especies de alta capacidad competitiva. Por el contrario, las pérdidas son generalmente menores cuando las malas hierbas se presentan en estados avanzados del cultivo, como es el caso de las siembras en terrenos de humedad o riego. Además, pueden afectar los cultivos de manera indirecta al servir de hospederas de plagas y enfermedades.

Principales malezas que se presentan en el cultivo de maíz

  • Sorghum halepense
  • Echinochloa crusgalli
  • Cynodon dactylon
  • Leptochloa filiformis
  • Cynodon dactylon
  • Leptochloa filiformis
  • Helianthus annuus
  • Amaranthus spp
  • Parthenium histerophorus
  • Convolvulus arvensis
  • Euphorbia heterophyla
  • Cucumis melo
  • Xanthium strumarium
  • Rumex crispus
  • Melilotus albus
  • Melilotus indicus

Estrategias de control de malezas en maíz en siembra directa

Al momento de implementar estrategias de control de malezas es importante considerar los siguientes aspectos: conocimiento particular de las especies de malezas que interactúan con el cultivo, el momento de mayor incidencia de las malezas en el cultivo, las pérdidas causadas por ellas, el tipo de cultivo en rotación y el grado de cobertura por residuos de la cosecha anterior.

Es importante señalar que en este sistema de siembra no es posible eliminar a las malezas mecánicamente con las labores propias del cultivo tal y como se da en un sistema convencional. La eliminación mecánica de malezas es sustituida por el desmalezado químico, y lo podemos manejar de dos maneras: control de malezas previo a la siembra directa; o cuando el cultivo ya está establecido.

En el primer caso, se pueden utilizar herbicidas no selectivos; por ejemplo, glifosato y Paraquat , los cuales no presentan ningún riesgo para el cultivo, e inclusive se pueden mezclar con herbicidas residuales , pero selectivos, en maíz (como la atrazina (Gesaprim) o con hormonales (2,4-D, Dicamba o Picloram (Cuadro 1)); sin embargo, es necesario considerar el grado de rastrojo que exista en el suelo, debido a que los herbicidas preemergentes no ejercerían el control suficiente sobre la emergencia de las malezas, ya que serían interceptados por la materia orgánica que se encuentre en la superficie del suelo.

Para el segundo caso, es decir, cuando el cultivo ya está presente, se seleccionan los herbicidas recomendados en maíz para el control pos-emergente de malezas, de la misma forma en que se recomiendan en un sistema de siembra convencional (Cuadro 2).

Una práctica importante que hay se señalar para un buen manejo en el control de malezas es la rotación de cultivos, la cual evita que plantas menos susceptibles a los herbicidas utilizados frecuentemente en maíz sigan proliferando y además previene posibles riesgos de apariciones de plantas resistentes a los herbicidas.

El control químico requiere de conocimientos técnicos para la elección y aplicación eficiente y oportuna de un herbicida. El uso inapropiado de los herbicidas representa algunos riesgos a la agricultura. Sin embargo todos estos daños son posibles de evitar con una buena selección y aplicación de los productos, y con el conocimiento de sus características específicas. Algunos de los posibles riesgos por el uso inadecuado de herbicidas son: daños al cultivo, o a cultivos vecinos (por acarreo), por utilizar dosis excesivas del herbicida; daños a cultivos sembrados en rotación, debido a los residuos de los herbicidas en el suelo; cambios en el tipo de maleza por usar continuamente un herbicida; desarrollo de resistencia de malezas; uso de mezclas inapropiadas.

Éxito con la aplicación de herbicidas

Es importante considerar los siguientes aspectos al hacer uso de herbicidas: identificar las malezas-problemas, seleccionar el o los herbicidas y dosis adecuadas, utilizar agua de buena calidad, aplicar coadyuvantes (que favorezcan el proceso) en aquellos productos que lo requieran (aceites agrícolas no-iónicos), calibrar los equipos de aspersión, poner en contacto con la maleza las dosis suficientes, penetrar al interior de la planta, moverse al lugar de acción y afectar alguna función vital de la planta problema.

Fuente: El Productor