Ecuador es un país cuya economía se encuentra muy ligada a la agricultura. En el siglo XXI esta actividad ha tomado mayor fuerza gracias a la agroindustria, que “mediante la manufactura conserva y transforma materias primas no solo de la agricultura sino también del sector pecuario, forestal y pesquero”, explica Juan Esteban Mantilla, ingeniero agroindustrial.

Esta es una alternativa productiva que contribuye a mejorar la comercialización, la calidad y la seguridad de los productos relacionados a las industrias de alimentos, bebidas, tabaco, textiles, químicos, cuero, caucho, madera y papel.

Productos destacados

“A nivel nacional, los productores que se dedican a los cárnicos, lácteos, maíz, arroz y caña de azúcar presentan mayores grados de organización, mientras que aquellos que trabajan con papa, harinas, almidones, leguminosas y más no tienen buena asociación”, cuenta Mantilla.

Entre los sectores más destacados para el país están el bananero y el florícola, ya que es considerado el primer exportador de banano y el tercero de flores. A estos se suma el cacao, todos como productos de exportación emblemáticos en la agroindustria.

Por otro lado, se encuentran los productos no tradicionales de exportación y que han ido creciendo, como el brócoli, la piña, la papaya, el mango, las frutas andinas y el aceite de palma africana. “Muchos de estos aún no presentan un alto proceso de industrialización, por lo que sus ventas son menores”, aclara.

Este sector, localizado mayoritariamente en Pichincha, Azuay, Guayas, Chimborazo, Bolívar, Tungurahua, entre otras provincias, produce alimentos, fibras vegetales, prendas de vestir y actividades relacionadas.

Su principal obstáculo es “la falta de financiamiento para conseguir maquinaria y tener un capital, así como la carencia de capacitación”, recuerda el ingeniero agroindustrial.

Impacto ambiental

La bióloga Catalina Aldaz cuenta que la agroindustria genera alteraciones en los ecosistemas donde se la practica, como erosión y desertificación de los suelos a causa de una explotación irracional, deforestación, contaminación, pérdida de biodiversidad, entre otras. “Lo importante es mantener un equilibrio y generar buenas prácticas para reducir el impacto”, acota.