Según datos de la Organización Internacional del Cacao, Ecuador es el primer productor de cacao fino de aroma a nivel mundial, pues satisface el 60% de la demanda internacional de este producto.   En 2015, Ecuador cultivó 264 mil toneladas métricas de cacao y logró ventas por $ 800 millones, cifra última que representó un incremento de $ 325 millones con respecto al valor exportado durante 2012.

Para proseguir con esa expansión internacionalmente competitiva del cultivo a corto y mediano plazo, el Gobierno Nacional está ejecutando diversas acciones para aumentar la productividad de las fincas cacaoteras y, también, para fortalecer los distintos eslabones de la cadena de valor. La asistencia técnica aumenta la productividad del cultivo Mediante el ‘Proyecto de Reactivación de Café y Cacao Nacional Fino de Aroma’, el  Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (Magap) está implementando dos grandes estrategias de cambio en el sector cacaotero ecuatoriano. En primer lugar, la cartera de Estado busca dotarle al productor de infraestructura y de material vegetal certificado necesarios para fomentar el cultivo de nuevas hectáreas con plantas que tengan altos estándares de calidad y rendimiento.    Se aspira así a reactivar la producción de cacao fino de aroma e incrementar la oferta exportable a 400 mil toneladas métricas por año.

En tal sentido, el Magap está interviniendo en 354 mil hectáreas de cacao en todo el país. De estas, 284 mil hectáreas corresponden a plantaciones renovadas y 70 mil hectáreas a nuevas plantaciones. Otro objetivo es institucionalizar la cadena de valor de cacao y desarrollar servicios sostenibles para todos los actores.

En segundo lugar, el Magap diseñó y ejecutó la ‘Gran Minga del Cacao Nacional’, una campaña de podas dirigida a rehabilitar plantaciones y huertas improductivas.    Entre 2013 y 2016, esta intervención permitió rehabilitar 160.895 hectáreas y renovar 11.882 hectáreas de cultivos. Para lograrlo se requirió conformar 234 brigadas con la participación de 4.500 podadores y 101 técnicos y administradores. Además de beneficiar a 80.450 productores, la Gran Minga les permitió a los brigadistas participantes adquirir nuevas destrezas y convertirse en podadores profesionales. Por otra parte, esta estrategia de intervención permitió el levantamiento de datos georreferenciales sobre las actuales condiciones sociales, económicas y productivas de los cacaoteros ecuatorianos.

Gracias a esta información se dispone de mapas temáticos que facilitan especificar la presencia del cacao fino de aroma por provincias y zonas geográficas y, también, organizar la formulación de planes de manejo adecuados en las plantaciones. Las fincas familiares están distribuidas en tres regiones Isidro Mendoza, un agricultor del cantón Junín (Manabí), posee 50 hectáreas de cacao nacional fino de aroma, un cultivo que le ha permitido lograr el sustento cotidiano para su familia desde hace varios años. Cuenta que recolectaba entre 10 y 15 quintales de cacao seco por semana cuando producía sin asistencia técnica.

Sin embargo, actualmente su cosecha oscila entre 25 y 30 quintales de cacao seco por semana, gracias al apoyo que el Magap le proporcionó mediante la entrega de plantas, la poda de árboles y el reparto de kits para combatir enfermedades como la monilla y la escoba de bruja. El próximo año, Mendoza aspira a tener mayores rendimientos y a colocar más cantidad de su producto en Manacacao, una empresa que exporta cacao fino de aroma a Suiza.

En el cantón Palenque (Los Ríos), Tomás Palma Alvarado es otro agricultor cacaotero y miembro de la Asociación Los Mosquitos. Al igual que sus paisanos, él es un beneficiario del Proyecto de Reactivación de Café y Cacao Nacional Fino de Aroma y del Programa del Buen Vivir Rural. Su meta actual es aumentar el rendimiento del cultivo y seguir elaborando pasta de chocolate. Ambos agricultores son parte de unas 100 mil familias de pequeños y medianos productores de cacao fino de aroma existentes en Ecuador. Con el apoyo del sector público efectivizado en los últimos años, estas operan ahora en la Costa, en la Amazonía y en las estribaciones de las cordilleras Oriental y Occidental.

Fuente: El telégrafo